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domingo, 6 de octubre de 2013

Los Cerritos de San Cristóbal Tepatlaxco, Zona Arqueologica en San Martín Texmelucan

Orígenes de su nombre
El sitio recibe el nombre de la población más próxima que es San Cristóbal Tepatlaxco. El significado de la palabra náhuatl se deriva de tecpan- palacio, tlachtli- juego de pelota y co- lugar, Tecpantlaxco se traduce como “en el juego de pelota del palacio."  El profesor Felipe Franco propone que pueda significar: “en la superficie del pedregal”, refiriéndose al río estacional de San Matías, pero creemos que es forzar la situación. Comúnmente es conocido como “Los Cerritos de San Cristóbal Tepatlaxco”.


Importancia
La zona arqueológica de San Cristóbal de Tepatlaxco estuvo poblada entre los años 300 a.C. y 600 d.C., y es considerado un lugar fortificado de influencia olmeca, aunque en realidad se conoce poco de los antiguos pobladores de este lugar solamente se sabe que los pobladores de Tepatlaxco debieron mantener relaciones comerciales y de parentesco tanto con los habitantes de Tlalancaleca, San Martín Texmelucan, Moyotzingo  e infinidad de asentamientos del valle poblano – tlaxcalteca contemporáneo.
Estas relaciones se infieren a raíz del hallazgo de elementos y materiales similares en las distintas zonas.  Además, el lugar cuenta con nueve basamentos piramidales con alturas de 2.5 o 3 a 9 metros aproximadamente, estos basamentos se ubican en las orillas de las barrancas, por lo que aparentan mayor altura.
El basamento mayor cuenta con una base de 36 metros por cada lado y 9 metros de altura.

Historia del sitio
El Centro INAH Puebla adquirió los predios donde se encuentran la Estructura A y Talud E, y el resto del área es propiedad privada. Nuevamente en 1979 se iniciaron gestiones con los particulares para adquirir los predios restantes y en 1982 se realizó un convenio con el Gobierno del Estado para comprar los terrenos de la zona, pero no se llegó a un acuerdo que conciliara las expectativas de los propietarios y las del Instituto.
En el 2002, el Centro INAH Puebla reportó que los terrenos son de propiedad privada y parte del INAH (Información anexa al Oficio No. 401.A.311.(724.7).01.3523, 29 de Enero del 2002).
Contrariamente, durante la inspección realizada por la Subdirección de Evaluación y Seguimiento, el personal que labora en el sitio informó que toda el área es propiedad privada, inclusive el terreno donde se ubican las estructuras trabajadas. De acuerdo con esto el propietario de este espacio es el Sr. Lino Hernández, quien se encarga de la custodia de la zona y que, además, siembra a tan sólo unos metros de la estructura principal.
El arqueólogo Sergio Suárez Cruz, envió al licenciado Ángel Ernesto de Guardia Cueto (Coordinador Nacional de Asuntos Jurídicos) un documento en el que señala la situación sobre la tenencia de la tierra de los predios localizados en el sitio arqueológico de Cholula y San Cristóbal Tepatlaxco, Puebla. En el caso de este último, de acuerdo con los documentos, dentro del área delimitada todos los terrenos son propiedad de particulares, destacando que en algunos predio se dejó de cultivar en los espacios que se encuentran sobre las estructuras, a raíz de un acuerdo verbal formulado con la dirección del entonces Centro Regional de Puebla; dentro de éste, el INAH se comprometía a pagar al propietario la cantidad equivalente a la cosecha no cultivada. Dicho acuerdo se cumplió los dos primeros años pero después se “olvidó” por parte del Instituto mientras que el propietario continuaba respetando el acuerdo (anexo al oficio no. 401-A311-(724-7)-01-4532, Centro INAH Puebla, 12 de diciembre de 1997).
En el año de 1998 fue celebrado un convenio entre el Instituto y el gobierno del estado de Puebla, en el cual este último se comprometía a adquirirlos, pero no se cumplió con ello, lo cual el director del Centro INAH, antropólogo Héctor Álvarez Santiago, atribuye a que las cláusulas, no quedaron muy precisas, lo que dificultaría su cumplimiento (centro INAH Puebla, oficio no. 401-A-311-(724-7)-01-4976, 2 de junio de 1998).
En 1981 el Arqlgo. Andrés Santana solicita el levantamiento topográfico al Centro INAH, para realizar la delimitación del sitio, y en 1998 se pidió ayuda al entonces Departamento de Registro Arqueológico  para realizar dicha acción. La fecha exacta en la que se llevó a cabo la delimitación final de la zona no se encuentra registrada en los Archivos de la Sección de Arqueológica del Centro INAH Puebla.
Durante la primera fase de ocupación ya existe una evidente traza urbana en el asentamiento, donde los centros ceremoniales están conformados por  plazas abiertas y cerradas, y es clara la evidencia de uso de estuco. Además, se edificaron basamentos piramidales conformados por varios cuerpos y se adaptaron diversos desagües (García Cook, 1978; cit per Delgadillo, 1982: 20).
Se ha propuesto que la proximidad a Tlalancaleca, que ejerció control político, económico y religioso en una parte del Valle de Puebla entre los años 800 y 100 a.C., obstaculizó el desarrollo de Tepatlaxco (Reynoso, 1999).
En general, San Cristóbal Tepatlaxco comparte elementos culturales propios de los asentamientos correspondientes al bloque Puebla-Tlaxcala, y es probable que  también haya  establecido contactos, aunque escasos, con los habitantes de Chupicuaro en Guanajuato y con las poblaciones de la Cuenca y el Golfo de México. En el Valle de Puebla es contemporáneo de diversos sitios, como Tlalancaleca, Gualupita las Dalias, Tecopilco, Huejotzingo y Xochiltenango (Reynoso, 1999).

Descripción del sitio
El basamento piramidal denominado “Estructura A” y el Talud de la “Estructura  E” son los únicos elementos que se encuentran cercados por medio de alambre de púas (presentando también una pequeña puerta de malla ciclónica), mientras que el resto de la superficie que conforma la Zona Arqueológica no se encuentra delimitada físicamente.
El basamento piramidal se encuentra consolidado en su cara oriental y sur, observándose algunos indicios de vegetación y musgo. Sin embargo, las fachadas norte y poniente no se encuentran en buen estado de conservación ya que es evidente el deslave paulatino de algunos sectores, aunado a la abundante vegetación que ayuda a su destrucción.

Estructura A y Talud E
En ocasiones, los visitantes han llegado a saltar el cercado existente para subir a la estructura principal, lo cual ha ocasionado que las rocas que la conforman se desprendan.
Por otro lado, se ha observado que de cierta forma se mantiene un control de acceso, ya que la vereda que conduce al sitio se encuentra  rodeada por sembradíos, lo cual restringe de alguna manera el paso ya que los dueños de los terrenos no permiten que se atraviese por ellos.
En la parte superior de la Plataforma sostenida por el “Talud E”, en el extremo sur, se ubica una caseta de vigilancia conformada por techo y muros de lámina, la cual mide aproximadamente dos metros por lado. En las ventanas se ha colocado mica y están protegidas por barrotes.
El análisis de material realizado por Rosalba Delgadillo (1982) demostró la escasez de cerámica correspondiente al Preclásico Inferior y Medio, por lo que se ha considerado que el sitio probablemente se comenzó a edificar cuando el periodo Preclásico Medio llegaba a su fin.
Parte de la evidencia cerámica corresponde a un periodo tardío de la fase Texoloc (800-300 a. C.), no obstante, existe una ocupación más importante en la fase Tezoquipan IV (300a.C. -100d.C.) y posteriormente, por las formas y decoraciones en la cerámica, se observa una transición a los inicios de la siguiente fase Tenanyecac (100-650 d.C.). De igual manera, el material lítico indica una cronología tentativa del Preclásico Superior al Protoclásico, con una reducida presencia durante el Clásico (Reynoso, 1999).


Recorrido
El conjunto arquitectónico se localiza entre dos barrancas en la ladera sudoeste del cerro Totolqueme, el cual limita sus accesos. La topografía natural es aprovechada como elemento arquitectónico integrado, por lo que Ángel García Cook lo ha considerado como sitio fortificado.  El asentamiento está integrado por varias terrazas y once estructuras en distintos niveles, y la mayoría de las construcciones se encuentran dispersas aprovechando el entorno físico (Reynoso, 1999).
El sitio delimitado se compone de ocho estructuras arquitectónicas, las cuales han sido denominadas Montículos A, B, C, D, E, F, G y Talud Este, presentando una altura que oscila entre los 2.50 metros y los 9 metros. El sistema constructivo empleado fue a base de adobe, polvo de tepetate y recubrimientos de estuco; algunos peraltes en las terrazas estaban recubiertos con piedra sin carear y con estuco de baja calidad (Delgadillo, 1982).                
Los edificios explorados durante 1980 son el “Montículo A” y el “Talud E”, que son los que el visitante puede contemplar. El primero es un basamento piramidal cuya base mide 36 metros por lado y 9 metros de altura.

“Montículo A”
Presenta dos etapas constructivas: la más antigua corresponde a una plataforma de 3 metros de altura aproximadamente; la segunda (que apreciamos actualmente) está formada por tres cuerpos escalonados y varios adosamientos (Delgadillo, 1982).
En las paredes sur y este de dicha estructura se pueden observar vestigios de antiguas escalinatas, con restos de aplanado elaborado con arena y cal.  La escalinata del lado este se confronta con la escalinata del Talud E, formando una especie de conjunto.
El Talud Este ha sido definido como una estructura de 60 metros de largo por 8 metros de altura, y durante las excavaciones se descubrió, en su cara oeste, una escalinata de la que se conservan cinco peldaños de piedra volcánica. El resto de la estructura es un talud construido a base de  pequeñas piedras y tepetate (Delgadillo, 1982).

Acceso
Saliendo por la carretera Federal México- Puebla (No. 190), antes de llegar a San Martín Texmelucan, se encuentra el poblado de San Cristóbal Tepatlaxco. Dentro de éste, es necesario dirigirse al oriente hacia avenida del Trabajo, sobre la cual es necesario seguir hasta cruzar un puente y continuar hacia el norte.
Después, es posible observar una bifurcación del camino, debiéndose tomar el camino de terracería localizado en la margen poniente. Siguiendo por esta vía, se llega a un crucero donde es necesario continuar por el centro, ochocientos metros después el camino se divide nuevamente, por lo que se debe tomar la vereda localizada a la izquierda, la cual se encuentra señalizada con un par de letreros colocados por el INAH. A partir de este punto el acceso al sitio se realiza a pie.
Continuando por esta vereda, aproximadamente 200 metros hacia el noroeste, se localiza la Zona Arqueológica. De igual forma, es posible acceder al sitio por medio del transporte público, ya que de San Martín Texmelucan parten microbuses (ruta 29) con destino a “San. Cristóbal-Seguro-Loma- Bulevar”, los cuales cruzan el puente localizado en avenida del Trabajo, desde donde se debe caminar para arribar al sitio. Como referencia, en este punto es posible observar una escuela primaria y una bomba de agua en la parte poniente.
Después, es posible observar una bifurcación del camino, debiéndose tomar el camino de terracería localizado en la margen poniente. Siguiendo por esta vía, se llega a un crucero donde es necesario continuar por el centro, ochocientos metros después el camino se divide nuevamente, por lo que se debe tomar la vereda localizada a la izquierda, la cual se encuentra señalizada con un par de letreros colocados por el INAH. A partir de este punto el acceso al sitio se realiza a pie.

Servicios disponibles en la Zona Arqueológica de San Cristóbal Tepatlaxco 
En esta zona arqueológica hay un miniguía que cuesta 8 pesos y un botiquín de primeros auxilios para los visitantes de este sitio arqueológico.

Otros servicios disponibles en la Zona Arqueológica  de San Cristóbal  Tepatlaxco
Hay cédula informativa localizada a la entrada de la vereda y también se cuenta con señalización interna y externa.  Por lo tanto, la señalización interna  es posible distinguir ocho señales restrictivas dentro del sitio: tres se localizan sobre las diferentes fachadas del “Montículo A” y una más en el “Talud E”, elaboradas en plástico azul con letras impresas en blanco, indicando “No hay paso” (una de éstas se observó quebrada); dos señales se fijaron en el tronco de un árbol localizado a un costado de la caseta de vigilancia, los cuales fueron pintados a mano sobre madera y señalan “No tirar basura” y “No bajar aquí”, respectivamente; finalmente, dos más que indican “Prohibido subir a la pirámide”, cada uno ubicado sobre la puerta de malla ciclónica y sobre la cerca de alambre de púas, elaborados a mano sobre lámina, cuyo deterioro se manifiesta en la gran oxidación que presentan.
En el extremo norte de la Plataforma sostenida por el “Talud E” es posible distinguir un montículo sin trabajar, cubierto por árboles y hierba, en cuya fachada poniente fue colocada una señal restrictiva clavada en el tronco de un árbol, indicando “Prohibido subir a este montículo”. Éste fue pintado a mano sobre madera, sin embargo, es poco visible debido a que se encuentra obstruido por algunas ramas.
Se observan también dos señales intentando establecer un circuito de recorrido: una  indicando el camino para bajar hacia donde se ubica la “Estructura A”, y otra señalando el ascenso a la plataforma por el extremo opuesto. Ambas fueron pintadas a mano sobre una placa de madera, cada una montada en una rama de árbol improvisada como poste. Se encuentran en buenas condiciones, aunque es evidente su improvisación.  Además, al frente de la “Estructura A” se encuentra una cédula de “información específica”, acompañada de un croquis de localización y una cédula de plano con información del edificio. El texto está elaborado con letra impresa sobre lámina y presenta cierto grado de oxidación.
Sobre la parte sur de la Plataforma, muy cerca de la caseta, se presentan cédula de plano con información del sitio impreso en lámina, mostrando la distribución del sitio. Éste presenta algunas pintas con graffiti y su antigüedad es bastante notoria. También sobre paredes de la caseta de vigilancia  también se pintaron diversas leyendas señalando el horario de visita y el logotipo del INAH.
Es necesario mencionar que la mayor parte de la señalización localizada dentro y fuera del sitio fue elaborada por los custodios, quienes demuestran su preocupación por ubicarla apropiadamente y mantenerla en buen estado.
En cuanto a la señalización externa hay una primera señal de carretera que se puede distinguir señalizando la dirección del sitio se ubica en el cruce de caminos, al norte de avenida del Trabajo, en las afueras del poblado. Está elaborado con letras pintadas sobre lámina indicando “Zona Arqueológica de Tepatlaxco a 1 kilómetro.”, presentando, además, el nombre y el logotipo del INAH.
A 800 metros de la primera señal de carretera, se localizan dos más, donde parte la vereda que conduce al sitio. Una de ellas indica la distancia a la que se encuentra la Zona Arqueológica (200 metros); la otra es una cédula de patrimonio y en ella se menciona el significado del nombre del sitio, otorgando además datos referentes al horario y días de visita. Estas letras están realizadas con letra de impresión (blanco sobre azul) en lámina, presentado el logotipo de la Institución.  Además, sobre la misma vereda los custodios colocaron una pequeña señal sobre un muro de concreto (aproximadamente 30 centímetros de altura por 50 de largo) en el que, por medio de una flecha, indican la dirección para acceder a la Zona Arqueológica. Igualmente  construyeron un muro de mampostería sobre el que pintaron “Z. Arqueológica a 150 metros” y colocaron de nuevo una flecha para evitar que el visitante se confunda y continúe por un camino erróneo. Ambas señales son bastante visibles.
De acuerdo con la información proporcionada por el custodio, hace algún tiempo, a un costado de la vía del tren en San Martín Texmelucan se había colocado una señal de carretera, sin embargo, fue derribada por algún automóvil. De igual forma, en el barrio “El Carmen” dentro del mismo poblado, antiguamente se localizaba un letrero indicando la dirección a tomar para arribar al sitio, no obstante sufrió la misma suerte que el anterior. Con respecto a ello se dio aviso al Centro INAH, pero hasta ahora no se han renovado.


Cédulas Informativas en la Zona Arqueológica de San Cristóbal Tepatlaxco 
Es posible observar una cédula de información introductoria al pie de la cara sur del “Montículo A”, en la cual se realiza la descripción de sus elementos arquitectónicos, así como una breve interpretación del área trabajada. El texto está elaborado con letra impresa sobre lámina y presenta cierto grado de oxidación.
Al pie del “Talud E” se colocó una cédula de información introductoria, en la cual se realiza la descripción física y una interpretación de dicha estructura. Se observa oxidado, sin embargo, es posible distinguir su contenido.

Horario
Miércoles a domingo de 10 a 17 horas.

Contactos
Coordinador Técnico de la Zona Arqueológica San Cristóbal Tepatlaxco
Sr. Lino Hernández Castañeda

Profesor Investigador de la Zona Arqueológica San Cristóbal Tepatlaxco
Arqlgo. Arnulfo Allende
Correo electrónico: arnulfo_1531@yahoo.com

viernes, 4 de octubre de 2013

Don Antonio Haghenbeck y de La Lama ultimo dueño de la Hacienda San Cristobal Polaxtla

Antonio Haghenbeck y de la Lama joven

Don Antonio Haghenbeck y de la Lama nació en Tacubaya, en la Ciudad de México, 14 de febrero de 1902. Fue el tercero de cuatro hijos de Agustín Haghenbeck San Román y Guadalupe de la Lama Molinos del Campo, ambos mexicanos. Por el lado materno, perteneció al grupo de familias de la vieja aristocracia de México; descendía de Juan Bautista Fagoaga y Arozqueta, hermano del Primer Marqués del Apartado –acaudalado minero de la Nueva España-, y de Francisco Molinos del Campo, quien fuera gobernador de la Ciudad de México de 1825 a 1826.

Su abuelo paterno Carl Hypolite Haghenbeck Kundhart llegó a México en 1844, procedente de Alemania. Cinco años después contrajo matrimonio con Juliana San Román, de quien enviudó al poco tiempo. Al morir Juliana se casó con la hermana de ésta, Josefa, quien fue la abuela de Don Antonio. Juliana y Josefa San Román pertenecieron también a una importante familia mexicana, originaria de Lagos de Moreno, Jalisco. Ambas recibieron una educación esmerada. Fueron discípulas de Pelegrín Clavé, importante pintor catalán que fue Director de Pintura de la Academia de San Carlos, en la Ciudad de México, a mediados del siglo XIX. En las exposiciones que celebraba la Academia anualmente, las hermanas San Román presentaron varias de sus pinturas al óleo. Algunas de estas obras se conservan en los Museos de la Fundación Cultural.


Antonio Haghenbeck y de la Lama joven a caballo

Carl H. Haghenbeck Kundhart, llegó a ser propietario de dos tiendas de ropa y mercería: La luz del día y La mina de oro, y se sabe que partir de 1857 se dedicó de lleno tanto a la compra de bienes raíces, como a ofrecer préstamos hipotecarios, con lo que logró reunir un cuantioso capital.

Desde muy joven, Don Antonio mostró una marcada inclinación por el arte y el coleccionismo. Al igual que su abuela y su tía abuela, se sintió atraído por la pintura, por lo que desde muy temprana edad empezó a tomar clases particulares junto con su hermana Guadalupe.

Debido a la situación generada por la Revolución Mexicana, a los12 años de edad, partió con sus padres y hermanos a España, donde permanecieron de 1914 a 1917. A su regreso a México reanudó sus clases de pintura y logró realizar varios óleos, sobre todo copias de obras de artistas famosos. De su juventud se conserva La conversión de San Pablo -realizada a los 20 años- que se encuentra en la escalera principal del Museo Casa de la Bola. Don Antonio heredó de sus padres una considerable fortuna, que incrementó a lo largo de su vida. Cuando entró en posesión de ésta destinó buena parte de la misma a la compra de obras de arte, de bienes raíces y a realizar obras de caridad.

Familia Haghenbeck y de la Lama, de izquierda a derecha: María de los Ángeles, María Guadalupe, Sra. María Guadalupe de la Lama y Molinos del Campo, Antonio y Carlos


Fue un católico observante. Tanto en la Casa de la Bola como en la Hacienda de Santa Mónica y en la Hacienda de San Cristóbal Polaxtla disponía de un oratorio en la planta alta y una imagen de la Virgen de Guadalupe preside las escaleras principales en las tres casas museo. En 1948 ingresó a la Orden Terciaria Franciscana y posteriormente a la Orden del Santo Sepulcro. Frecuentemente apoyaba con donativos a sacerdotes, así como a diversas órdenes religiosas, sobre todo a monjas que se dedicaban a atender niños desamparados y a hijos de leprosos. En 1931 ayudó a las obras de la Parroquia de San Miguel, cercana a la Casa de la Bola, en Tacubaya, y en 1948 donó al Arzobispo de México, Luis María Martínez -con quien tenía relación cercana-, una finca en Acolman para albergar a niños indigentes.

Amaba a los animales y le gustaba rodearse de ellos. Desde muy joven luchó por evitar el sufrimiento de éstos, seguramente inspirado por su pariente Karl Hagenbeck, quien a finales del siglo XIX creó en Stellingen -cerca de Hamburgo-, el primer zoológico donde los animales podían deambular libremente, sin estar aprisionados en jaulas. Don Antonio Haghenbeck formó parte de la Liga Defensora de Animales, en la Ciudad de México, y secundó a la señora Luz María Nardi en su incansable labor para erradicar la matanza cruel en los rastros de nuestro país. En la Casa de la Bola y en las Haciendas de Santa Mónica y de San Cristóbal Polaxtla tenía pavos reales, cisnes blancos y negros, pájaros, perros, así como hermosos caballos, porque gustaba de la equitación.

Antonio Haghenbeck y de la Lama en su primera comunión


Don Antonio permaneció soltero toda su vida y murió sin descendencia a los 89 años, el 4 de septiembre de 1991, con la satisfacción de haber tenido una vida plena en la que el arte, la arquitectura antigua de México, la naturaleza, los animales, su fe religiosa y su gran interés por ayudar al prójimo ocuparon un lugar muy importante.